El Señor Presidente

Miguel Ángel Asturias

Original language · as published

Cuando en la primera época de su prosperidad, el Señor Presidente dio orden de que no se agitase la población, no se concibió aquella medida como obra de gobierno. Desde que el hombre había hablado en los días de la organización primitiva, las prohibiciones se habían ido haciendo más numerosas y más precisas: no hablar con voz alta; no portar armas fuera de las casas; no beber en horas de trabajo; no salir de noche; no pronunciar el nombre de los difuntos en presencia de los vivos; no formar grupos de más de tres personas; contar las monedas con la corona hacia abajo; mirar al suelo cuando pasa un funcionario. Las prohibiciones eran como un sistema de impermeabilización que volvía la vida más segura. Por eso la gente no preguntó por qué el Señor Presidente prohibió las manifestaciones en las plazas y las reuniones en los cafés.