Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis;
si con ansia sin igual solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien si las incitáis al mal?
Combatís su resistencia y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad lo que hizo vuestra maldad.
¿Queréis, pues, que obren bien si las ofendeis vos? ¿No veis
que en vuestra falta está su falta, y que en vuestra culpa su desdén?
Ved que, ingratos, sois causa de lo que os afrenta el bien,
cuando pretendéis del todo lo que por vos se pierde.
Bien sois causa de la falta y luego culpáis al bien;
y con infinito desdén os quejáis de lo que no no es.
A un tiempo eficaz buscáis y culpáis su agresión,
teniendo por presunción vuestro propio corazón.