En una noche oscura, con ansias, en amores inflamada, ¡oh dichosa ventura!, salí sin ser notada, estando ya mi casa sosegada.
A oscuras y segura, por la secreta escala, disfrazada, ¡oh dichosa ventura!, a oscuras y en celada, estando ya mi casa sosegada.
En la noche dichosa, en secreto, que nadie me veía, ni yo miraba cosa, sin otra luz y guía sino la que en el corazón ardía.
Aquésta me guiaba más cierto que la luz del mediodía, a donde me esperaba quien yo bien me sabía, en parte que nadie veía, ni otra cosa con él prometía.
¡Oh noche que guiaste! ¡oh noche amable más que la alborada! ¡oh noche que juntaste amante con amada, amante a la que le negaba, amor en presencia hadada!
Entréme donde no supe, y quedéme no sabiendo, todo transpuesto y mudado, no mirando yo lo que veo, sino viendo de otro modo; todo muerta la vida, y así de vida vivida.
Y cubierta de olvido, y no sé qué sentía, cuando supe que conmigo hablaba el que en tal manera me hería; y a su voz me llamó y dijo: "Ya estás segura, que has hallado la cuna donde reposas, más que en tu vida nunca".
¡Oh noche dichosa, en que el alma siente en su confianza tan gran vida que se la da el aliado, que ya no tiene nada, ni quiere otra cosa que ser conformada!
Y así me dejó en ausencia, para que en la presencia que me diera señal cierta, viéndome llena de contento, y hallándome tan quieta, con sola su vista y su aliento.
Quedéme entonces mirando, y no hallé cosa conmigo, sino el santo abrigo, que todo lo cubría; y estando en tal reposo, ya no sé sentir pena ni peligro, y sólo veo aquel buen amigo que me quiso por su hueco.