Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y, otra vez, con el ala a sus cristales jugando llamarán.
Pero aquéllas que el vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha a contemplar, ése día, las recogidas y silenciosas volverán a no volver.
Volverán las tupidas madreselvas de tu jardín las tapias a escalar, y otra vez a la tarde, aún más hermosas, sus flores se abrirán;
pero aquéllas, cuajadas de rocío, llenas de perfume y radiantes, no volverán.
Volverán del amor en tus oídos las palabras ardientes a sonar;\ntu corazón, de su profundo sueño tal vez despertará.
Pero mudo y absorto y de rodillas, como se adora a Dios ante su altar, te llamará la ternura de mi carne, como se llama a un muerto a la oración.